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María Emilia Correa: “el poder empresarial al servicio de las soluciones sociales”

“Si le permitimos pensar o actuar con otro propósito a las empresas, vamos a tener un actor muy poderoso para los problemas de escala global”.

Otro tipo de empresas es posible. Puede que la rentabilidad sea el mandato legal y tácito, pero la cofundadora del Sistema B, María Emilia Correa, promueve otra alternativa. Una en la que el éxito también se puede medir por la contribución al desarrollo social y ambiental. No solo se trata de una nueva opción, asegura, sino de una necesidad ya que la complejidad de los problemas actuales en distintas partes del mundo requieren toda la capacidad empresarial posible.
“Hasta hace poco tiempo, cuando uno veía un río contaminado, pensaba en la necesidad de que el gobierno ponga una planta de tratamiento o la creación de una fundación para su descontaminación”, explica Correa. “Hoy hay un tercer camino, hacer una empresa que funcione en el mercado con rentabilidad y que descontamine el río. Las empresas B son un paso más allá que junta la idea de una empresa con ánimo de lucro, con la idea de una ONG de construir bien público”.Correa, quien también ha sido directora del Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible, es una de la principales invitadas al evento Nexos+1 que reunirá este 24 y 25 de octubre a empresarios, emprendedores, autoridades gubernamentales y representantes de la cooperación internacional y la banca multilateral.

 

¿La falta de un objetivo rentable es lo que impide a las ONG tener un mayor impacto en la sociedad?

Ese es un problema mucho más complicado. La sociedad civil, a través de las ONG, tiene un papel fundamental en la sociedad, que es poner temas nuevos en la agenda pública. La sociedad civil nos ha hecho pensar en la violencia contra la mujer, por ejemplo. Lo que pasa es que estas organizaciones tienen una limitación por definición y es el hecho de que viven por las donaciones. Si la gente, el gobierno o la empresa privada no las financia, las ONG tienen una capacidad limitada. Entonces, como las donaciones limitan la posibilidad de acción pública, es necesario usar el mercado, pero poniéndole un bien público como fin.

 

Algunos de los lugares comunes que se utilizan para desprestigiar a instituciones vinculadas a los derechos sociales o medioambientales es que estas apoyan determinadas medidas o posturas justamente porque viven de estas. ¿Generar rentabilidad no sustentaría más esa crítica?

Criticar es lo más fácil que podemos hacer. Cuando hay asuntos que hay que solucionar y cambiar es indispensable que los hagamos notar. Personalmente pienso que en América Latina estamos con gran necesidad de gente que, aparte de criticar y hacer notar los problemas, también se ponga en la tarea de hacer algo por solucionarlos.

 

Usted también trabajó por muchos años en empresas tradicionales, corporativas. En determinado momento hace un giro a estas nuevas propuestas. ¿Cuál fue el hecho en particular que le dijo que había llegado el momento de buscar otros caminos?

Son muchas motivaciones, pero creo profundamente que el sector empresarial tiene un potencial tremendo de ser parte de las soluciones. Hace cinco años no podríamos estar hablando de Lima a Santiago. Esto es gracias a una empresa que se le ocurre poner un servicio y un producto con escala planetaria que permite que esta democratización de la comunicación le llega al mundo entero. Esa capacidad extraordinaria hay que ponerla al servicio de la solución de los problemas del planeta. Imagina qué pasaría si ponemos esa capacidad para pensar cómo solucionar la crisis climática, la desigualdad en la sociedad, cómo incluimos más a las mujeres en la sociedad o cómo disminuimos la violencia familiar. El sector empresarial tiene un poder tremendo que por diferentes razones está dirigido al crecimiento económico y financiero. Pero si le abrimos la puerta y le permitimos pensar o actuar con otro propósito vamos a tener un actor muy poderoso para los problemas de escala global.

 

 

Una de esas razones, ha señalado en varias ocasiones, es la responsabilidad fiduciaria. ¿Cómo desprenderse de esta?

La ley te permite ciertos vehículos legales para crear una empresa, pero en todos los casos su principal responsabilidad es con el accionista. La responsabilidad fiduciaria es un principio legal que está en cualquier sociedad comercial. Uno puede ampliar esa responsabilidad para que la acción no sólo tenga en cuenta la responsabilidad financiera con el accionista, sino también el impacto positivo. La ley puede dar la opciónde una opción comercial que de entrada tenga un mandato más amplio, pero eso no existe aún en América Latina. Por ello hay que hacerlo de otra manera: los accionistas pueden decir voluntariamente que amplían el mandato. Si no se dice nada, el mandato es restringido y la empresa solo privilegia lo financiero. El sueño es que haya un permiso legal para crear personas jurídicas que de raíz tengan como objetivo el impacto positivo.

 

El discurso medioambiental y social ha calado también en empresas que no son empresas B. Están las que apoyan y se asocian a diversas campañas porque también es algo rentable, porque les da una nueva imagen de empresa responsable. ¿Cómo diferenciarlas?

Saber las intenciones de una persona es muy difícil. Pero sí hay herramientas que hacen pensar que las empresas pueden ser más consistentes con un propósito. Una de las innovaciones que traen las empresas B es que los accionistas se sumen a la construcción de una sociedad mejor y sean expresos en su expectativa. Si los accionistas le dicen a la empresa que esperan una rentabilidad de tal nivel, pero también les permiten participar en la solución de problemas, ese permiso expreso facilitaría mucho la acción de la empresa.

 

¿Cuáles son los principales retos que representa hacer esos cambios en una empresa tradicional?

Los cambios son un desafío para todos. Estamos cambiando una serie de parámetros y de hábitos. La idea es que vayamos encontrando las barreras y hacer algo para que levantarlas y resulte más fácil hacer las cosas que son correctas y que son consistentes con los valores. Más que fijarnos en lo que hacemos mal, se trata de preguntarnos cómo hacemos para identificar esas oportunidades de hacer las cosas mejor.

 

En todo este tiempo que se ha dedicado a fomentar este tipo de empresa. ¿Cómo lo han recibido los accionistas tradicionales?

Como todas las innovaciones del mundo, esta ha surgido en empresas pequeñas y jóvenes. Lo que está empezando a pasar es que estas están empezando a demostrar que se puede tener un impacto positivo y una rentabilidad financiera. El hit de todo este movimiento es que logremos tener una rentabilidad enorme a partir de hacer las cosas correctas. Hoy lamentablemente podemos hacer más plata con cosas que le hacen daño al planeta y la sociedad. Tenemos que cambiar el sentido del éxito.